Minimiza un Poco...
Yo tenia 30 años el tenía 20 cuando lo conoci, hablo del Internet, puedo decir con certeza que ese amigo si que me ha hecho perder mucho tiempo. Sí, yo también he pasado las manitas por las protuberancias de una página buscando desesperadamente como entrar a los paraísos sexuales y eróticos que nos ofrecen para llegar al hecho de no tener tarjeta de crédito y por ello no poder entrar a dichos paraísos. Claro que hay también miles y miles de páginas que nos ofrecen todo los frutos, y recovecos del saber humano, bastarían tener mil años para poder acceder a dichos recovecos. Buscadores con nombres exóticos en otros idiomas, que con tan solo poner una palabra, nos conducen a lo que se ha escrito, se ha dicho, se ha visto, se ha afirmado sobre todo tema. Y que decir de estos amigos, los virtuales que tenemos en el ciberespacio, aquellos que llenan la realidad virtual, aquellos que llevamos en el hombro sin haberlos conocido, sin haberlos tocado, pero siempre queremos comunicarnos con ellos, la comunicación por la comunicacion
Que tal si por ejemplo Sócrates, Diderot, Leonardo Da vinci, se sentara como yo lo he hecho durantes tantas tardes con este amigo yendo a infinitas y numerosos lugares en todo el mundo, cuantas filosofías y cuantas interpretaciones de la realidad hubiera logrado. En cambio yo, que he pasado miles y miles de minutos en el ciberespacio sin lograr avanzar aunque sea un milímetro de profundidad y usted también por supuesto.
Escriben los filósofos y psicólogos de antes de la internet que el concepto de los otros y del mundo son conceptos muy importantes para estructurar el pensamiento. Las ficciones literarias por ejemplo el gorila asesino de Poe, aquel que era la materialización del otro, que nos esperaba en cada esquina parisina para atacarnos y matarnos y aun las ficciones modernas de los otros, los alienígenas, los seres de otros mundos, otra forma de concebir a los otros. Y que decir de las facetas desconocidas del mundo, las exploraciones, los monstruos marinos, etc. este amigo del Internet nos da otra concepción de los otros y del mundo: los otros no tienen cuerpo, los puedes eliminar con solo mover un dedo y puedes llegar a ellos aún al otro lado del mundo. El mundo ya no es redondo, solamente de un milímetro de profundidad, porque moviendo solamente un dedo, puedes llegar al otro lado.
Si alguien de la mano de este genio binario que es el Internet recorriera las millones y millones de páginas en los millones y millones de minutos le diera la vuelta al universo y regresara tratando de encontrar la enseñanza más cercana, el buscador más íntimo, las potencialidades más importantes; encontraría que al final la respuesta es su propia página, su propia personalidad o la del vecino o aquella que se encuentra con un simple apretón de manos, con una mirada, o aún, en los disgustos de cada instante de la vida cuando uno quiere apartarse ante tantas dificultades. Son aquellas páginas que están por encima de las consolas del computador, desde el mismo punto de partida más allá de la pantalla del aparato. Uno desconfía al menos entonces de este moderno Fausto que con un pequeño ademán con el dedo te presenta la infinita repetición hasta el cansancio de lugares de los que puedes salirte con una X. Este malicioso amigo nos conduce por caminos un tanto sospechosos. Debes tener tarjeta de crédito y la suficiente estupidez para entrar y la astusia para salir vertiginosamente de virtuales paraisos. Ojalá podamos encontrar algunos de ellos en los que valga la pena detenerse un poco
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