Se acaba el petróleo. Los millones de vehículos que arrancan, paran, frenan a cada instante en el mundo, acaban otra parte de éste; los millones de máquinas, los millones de productos, otra parte.
Es el impulso que acciona la civilización desde cuando un cavernícola notó que con él su antorcha duraba más; ¡pero se acaba! Y es por eso que en USA, el galón ha subido el doble (y en Venezuela Chávez el triple de sus gritos) a más de 100 dólares.
Las grandes compañías de petróleo están teniendo su agosto en ganancias y aún así el señor Arbusto (Bush) les alivia los impuestos. Es que detrás del petróleo se mueve la mayor cantidad de plata del mundo. ¡Pero se acaba! Tal vez en 20 años no habrá suficiente y habría que esperar 200.000 años para que nuestros desechos orgánicos (¡sí ésos también!) se conviertan el petróleo.
Entonces en USA, no se están comiendo el maíz para producir etanol, que reemplaza al petróleo, pero tendría que gastarse todo el maíz para producir sólo el 15% del petróleo que se necesita (¡¿y las arepas?!).
Última escena: pescadores de Alaska pidiendo indemnización por daños a su ambiente, a su subsistencia cuando hace años una gran compañía petrolera extrajo el petróleo y también los árboles, los animales y su supervivencia. Más de 40.000 millones de dólares en daños. Claro que otros 40.000 millones de abogados han dilatado el pago.
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