Una posible definición de máquina es: aquello que ejecuta por sí misma nuestros esfuerzos. Buscando la definición no encuentro la correspondencia en latín. Será que los antiguos romanos ¿tendrían otra concepción más avanzada de máquina?
Nos sentamos satisfechos con una sonrisa mientras el engendro hace las cosas, es entonces que la máquina pone una pata en terrenos desconocidos porque a veces la naturaleza nos cobra el atrevimiento de querer repetir procesos que ella no ha creado.
Forramos las leyes físicas en empaques que a veces funcionan pero a veces, también, hay fisuras que avanzan hacia nosotros como un terremoto, como un rasgón del universo.
Tres máquinas increíbles como tres patas de una mesa mecánica, las traigo a ustedes desde mi nublada memoria de cuentos de ciencia ficción. Inestable descansa su apoyo en otras dimensiones, en otros tiempos, en otras visiones… ¿las de ustedes?
Busco entonces apoyos en el robot insectoide, de rasgos faciales tenues pero humanos de Yo robot de Isaac Asimos; en su robot bicentenario usando el tiempo para volverse humano; en las máquinas teles transportadoras del ENTERPRISE que diluyen y reúnen la materia de los tripulantes para ahorrar distancias; la EMIAC, la primera computadora tan inmensa como pequeña, es la misma a la que tocamos ahora en este instante.
Primera máquina
La humanidad avanza hacia el futuro siglo 35, 36… Ya han desbordado los confines del planeta naves que aseguran precaria y atrevidamente el medio humano en pequeños espacios, gotas de planeta salpicando la infinita negrura del espacio. Y allí se necesita entonces más tierra, más material. La química ha logrado inverosímiles combinaciones, muchos materiales salen y entran al planeta en arduo transito de naves, gran desperdicio de energía para entrar y salir, entonces surge la solución última.
Utilizando una maliciosa colocación de la antimateria, los físicos conciben un agarrón perfecto, algo que se pegue al suelo y sostenga una portentosa estructura. Es entonces, cuando utilizando una médula de diamante (hechura artificial de los químicos) se eleva esta torre de babel, éste puente descomunal entre la tierra y el cosmos. El cable de diamante de 20 metros de diámetro como el diámetro de un baobab se alza a 180 kilómetros y alcanza una estación espacial. Será por donde correrá el ascensor espacial.
Cincuenta años después, la máquina planetaria está lista, tal vez la más gigantesca máquina construida hasta aquí, el año 2308. Pero también, la humanidad ha traído sus conflictos hasta ese tiempo. Ahora, explosiones sacuden la estructura, se ha desatado la guerra, el ascensor ha sido saboteado y el cable de diamante cae a tierra con fuerza descomunal. Otros ascensores en Marte y en Venus sufren lo mismo, punto suspensivos ¿qué pasará? Debe leerlo en Marte Rojo de K. Robinson.
Segunda máquina
La Inglaterra post-victorianaestaba llena de vapores, válvulas, correas y atrevida ingenuidad de los comienzos de la Revolución Industrial. Se ensamblaban máquinas pero alguien, utilizando piezas que tenía la grasa de la imaginación, concibió que el tiempo sólo era la cuarta dimensión del espacio y frente a la mirada burlona, pero luego atónita de los testigos, hizo desaparecer un pequeño modelo que desplazándose por la mesa frente a todos desapareció, no cayó de ésta sino que recorrió la cuarta dimensión, el tiempo. H.G. Wels nos monta en el tobogán del tiempo, en su prodigiosa máquina. Por las ventanillas vemos cómo el vertiginoso pasar hacia el futuro. Año 800.000: la palanca se traba, es el viaje infinito hacia el futuro pero como la maquina debe tener circunferencias y curvas, el viajero del tiempo retorna justo para verse así mismo tomando el té antes de haber empezado su viaje. La maquina del tiempo de Wels es un viaje hacia el futuro para su autor, pero para nosotros es hacia el pasado de la Inglaterra de frac e ingenuidad científica.
Tercera máquina
Y finamente, una invisible máquina, tercera máquina, que involucra elementos a gran escala de espacio, de tiempo, los combina con su particular mecanismo y los transforma en un producto final distinto del producto inicial.
Por ésta maquina una planta produce venenos en sus hojas con el fin de sobrevivir; un conejo se reproduce incesantemente, un pez desarrolla patas para adaptarse a un nuevo ambiente; un trabajador lucha contra el sueldo mínimo.
La máquina transforma la conformación de los elementos que transmiten las características, el ADN. Hay transformaciones malas y buenas pero la maquina tiene en cuenta sólo como producto final el mejor, el que sobrevive: es la selección natural.
Estamos, entonces rodeados por maquinas, simples, complejas al nivel de nuestros ojos, al nivel planetario, científicas, fabulosas, de ciencia ficción. Son esfinges, minotauros, que tienen un soporte en la ficción y otras que podremos imaginas o inventar algún día.
Utilizando, entonces un mecanismo maquinal recurro a ustedes para que apoyen sus máquinas en este espacio y las traigan, las recuerden ó las describan. No importa que no funcionen.
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