El mono avanza su brazo para coger la fruta y alimentarse, un acontecimiento natural y simple en la naturaleza, como millones y millones que suceden en cualquier momento. Ahora bien, como rastreadores obsesivos los científicos han observado de donde proviene y han llevado sus batas blancas, sus controles y computadores hasta allí. En el cerebro de mono, pequeños impulsos eléctricos activan los músculos del brazo para coger la fruta. Es entonces cuando la escena cambia a un laboratorio de Pittsburg, USA. Todo ha cambiado menos el mono, la acción, las ganas de comer. Se han instalado unos electrodos en el cráneo del mono y en la zona especifica donde se producen los tenues impulsos. Un programa llamado I.B.M. aumentará estos impulsos y los unirá a las terminaciones de un brazo mecánico. El mono come la fruta con el brazo mecánico pues tiene inmovilizado el suyo. Estos impulsos son grabados para ser reproducidos directamente por el cerebro. Se ha logrado mover las máquinas mediante la simple acción de una intención de un pensamiento.
Estos adelantos científicos en el campo de la computación, de la obsesión rastreadora, de las ganas de comer del mono; pueden utilizarse luego para ayudar aquellos humanos paralizados o semiparalizados, que mediante su pensamiento moverán objetos: televisores, sillas mecánicas interruptores de luz, y otras muchas cosas las cuales se esperan no sean siniestros y/o dañinos artilugios. Finalmente, el mono avanzará su brazo, otra vez, para comer su fruta y la humanidad avanzará en un desarrollo tecnológico ¿hasta dónde? Dejemos, al menos, que el mono alcance su fruta.
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